Neuroscience

Cómo la Música Impacta el Cerebro y las Emociones

El cómo el cerebro procesa la emoción musical puede atribuirse a la forma en que lo describen como un “lenguaje de la emoción” en todas las culturas.

La música es un fenómeno común que cruza todas las fronteras de la nacionalidad, raza y cultura. Una herramienta para despertar emociones y sentimientos, la música es mucho más poderosa que el lenguaje. Un mayor interés en cómo el cerebro procesa la emoción musical se puede atribuir a la forma en que se describe como un “lenguaje de la emoción” en todas las culturas. Ya sea dentro de películas, orquestas en vivo, conciertos o un simple estéreo en casa, la música puede ser tan sugerente y abrumadora que solo puede describirse como la mitad del camino entre el pensamiento y el fenómeno.

Pero ¿por qué exactamente esta experiencia de la música trasciende claramente otras experiencias sensoriales? ¿Cómo es capaz de evocar emociones de una manera que sea incomparable a cualquier otro sentido?

La música puede considerarse como un tipo de ilusión perceptiva, de la misma manera en que se percibe un collage. El cerebro impone estructura y orden a una secuencia de sonidos que, en efecto, crea un sistema de significado completamente nuevo. La apreciación de la música está ligada a la capacidad de procesar su estructura subyacente:

la capacidad de predecir lo que ocurrirá a continuación en la canción. Pero esta estructura debe involucrar algún nivel de lo inesperado, o se vuelve emocionalmente desprovisto.

Los compositores expertos manipulan la emoción dentro de una canción sabiendo cuáles son las expectativas de su audiencia y controlando cuándo esas expectativas se cumplirán (y no se cumplirán). Esta manipulación exitosa es lo que provoca escalofríos que son parte de cualquier canción conmovedora.

 

La música, aunque parece ser como características del lenguaje, está más arraigada en las estructuras cerebrales primitivas que están involucradas en la motivación, la recompensa y la emoción. Ya sea que se trate de las primeras notas familiares de “Yellow Submarine” de The Beatles, o de los ritmos que precedieron a “Back in Black” de AC / DC, el cerebro sincroniza los osciladores neuronales con el pulso de la música (a través de la activación del cerebelo), y comienza a predecir cuándo ocurrirá el próximo golpe fuerte. La respuesta a la ‘estría’ es principalmente inconsciente; primero se procesa a través del cerebelo y la amígdala en lugar de los lóbulos frontales.

La música implica violaciones sutiles del tiempo y, como sabemos por experiencia que la música no es amenazante, estas violaciones son identificadas en última instancia por los lóbulos frontales como una fuente de placer. La expectativa genera anticipación que, cuando se cumple, da como resultado la reacción de recompensa.

Más que cualquier otro estímulo, la música tiene la capacidad de evocar imágenes y sentimientos que no necesariamente deben reflejarse directamente en la memoria. El fenómeno general aún conserva cierto nivel de misterio; las razones detrás de la “emoción” de escuchar música están fuertemente ligadas a varias teorías basadas en la sinestesia.

Cuando nacemos, nuestro cerebro aún no se ha diferenciado en diferentes componentes para diferentes sentidos; esta diferenciación ocurre mucho más tarde en la vida. Entonces, como bebés, se teoriza que vemos el mundo como una combinación grande y pulsante de colores, sonidos y sentimientos, todo combinado en una experiencia: la sinestesia final. A medida que nuestros cerebros se desarrollan, ciertas áreas se especializan en visión, habla, audición, etc.

El profesor Daniel Levitin, neurocientífico y compositor, desentraña el misterio de la emoción en la música al explicar cómo los centros emocionales, del lenguaje y de la memoria del cerebro, están conectados durante el procesamiento de la música, proporcionando lo que es esencialmente una experiencia cinestésica. El alcance de esta conexión es aparentemente variable entre los individuos, que es la forma en que ciertos músicos tienen la capacidad de crear piezas musicales que rebosan calidad emocional, y otras simplemente no pueden. Ya sean clásicos de los Beatles y Stevie Wonder o riffs ardientes de Metallica y Led Zeppelin, la preferencia por cierto tipo de música influye en su propia experiencia. Podría ser este nivel elevado de experiencia en ciertas personas y músicos lo que les permite imaginar y crear música que otros simplemente no pueden, pintando su propia imagen sonora.

Fuente: Malini Mohana / Psychcentral.com

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